22 de mayo de 2009

La confianza perdida y las alternativas al Modelo




Tanto el adelantamiento electoral como la crisis internacional sirvieron al gobierno nacional para cambiar el eje del debate político. Estos hechos representaron una tregua en el callejón sin salida del enfrentamiento con el Campo. Por su parte, la excesiva confianza en sus propias fuerzas por parte de los ruralistas, les impidió ver que su agenda no había logrado hegemonizar el espacio de las demandas sociales, a pesar del apoyo de los medios y la oposición.
La ubicación de sus reclamos bajo el significante vacío del federalismo, la republica y la democracia, hábilmente utilizados para buscar extender la movilización a sectores no vinculados con lo agrario, fue en su contra cuando el paso del tiempo no les permitió entregar resultados a sus bases en términos de rentabilidad. Esos núcleos movilizados en las rutas y pueblos, fueron alejándose de sus representantes, a los cuales percibían cada vez más lejanos del reclamo originario.
La simpatía de los sectores medios urbanos tampoco pudo pasar del NO al gobierno, a una organización minina que sostenga la conflictividad bajo banderas menos principistas. La relación compleja entre los sectores medios y el Poder Político es vieja. Con el peronismo en especial, pero también con toda la clase política existe una desconfianza manifiesta que no parece revertirse.
En la presente campaña se pone en evidencia ese déficit de credibilidad. El apoyo al gobierno nacional ha bajado, pero casi no se ha movido la aguja de los líderes opositores, que no acumulan las pérdidas ajenas. Esto de a poco los ha llevado a entender que los votos que les faltan para ganarle al gobierno solo puede “sacárselos” a los demás opositores; con lo cual, las flores que se tiraban hasta ayer ahora se reducen a sus espinas.
Mientras tanto, la agenda propuesta por la oposición muestra la desorganización en que cayeron por el adelantamiento electoral del 28 de junio: los periodistas se asumen opositores, los opositores actúan como jueces electorales, los candidatos a diputados de una provincia prometen un plan de seguridad como si fueran presidentes o gobernadores, los mismos aliados en una provincia son opositores en otras, etc.
Más aún, el Radicalismo, que desde el fracaso de la Alianza viene buscando la manera de reconstruirse, hace un nuevo intento de contener sus contradicciones, que además se ponen en tensión con el intento de incorporar toda expresión de protesta contra el gobierno. Lejos de fortalecerlos, esto los expone a no poder formular propuestas económicas, más allá de la reivindicación al voleo de todo reclamo insatisfecho. Hasta hoy, lo único que se ha escuchado es al candidato de la capital, Prat Gay, proponiendo volver a endeudarnos con el FMI para compensar la hipotética eliminación de las retenciones, lo que constituiría una enorme transferencia de recursos de todos los argentinos, hacia un sector de los más beneficiados históricamente del país.
Es difícil que esa estrategia no sea percibida como un rejunte electoral del que ya dieron testimonio en 2001. Vale como ejemplo Carrió, que en los últimos 10 años formó parte de cuatro Alianzas distintas a las que fue metódicamente renunciando, y donde la única vez que ganó fue cuando hizo campaña por De La Rúa.
Hablando de rejuntes electorales que van a separarse el mismo 29 de junio, en el PRO peronismo de Mauricio Macri, Francisco De Narváez puede ser caracterizado como la figura opuesta nada menos que de Julio Cobos, a pesar de que tienen en común que nadie sabe a ciencia cierta que piensa cada uno. De Narváez quiere el poder a toda costa y pretende “comprarlo”, a pesar de que en el camino pierda legitimidad y aires de renovación. En cambio, Cobos ama el prestigio, y se aferra a el, aun resignando el Poder. Incluso ha dicho que no tiene problemas en compartirlo si alguna vez llega a ser Presidente, de acuerdo a su vocación dialoguista y de consenso.
En el peronismo la actual elección será un adelanto de las posibles internas para el 2011. El que gane en su distrito se asegurará un lugar en la mesa donde se decida el futuro candidato presidencial, que seguramente ganará las elecciones para suceder a Cristina. Fatalmente, aquella etiqueta que algunos denominaron kirchnerismo y que representó la simplificación de un fenómeno más amplio y complejo, será cada vez menos popular. Muchos tenderán a aclararles a los periodistas que ellos siempre fueron peronistas, a secas.
Más acostumbrados a estos cambios de escenarios que algunos opositores, los gobernadores juegan su juego. Sin perjuicio de las ligas que se armen, en lo sustancial, hay dos proyectos económicos distintos que se ponen en contradicción.
El de Reutemann, Busti, Schiaretti y otros, no parece distinto del duhaldista. Esto es, afirmar que las ventajas del tipo de cambio competitivo que permitió la recuperación desde el segundo semestre del 2002 se agotaron, y hay que tomar medidas para que los sectores exportadores e industriales recuperen rentabilidad. En pocas palabras, devaluar el peso y quitar las retenciones. De esta forma se beneficia el campo, la minería y demás exportaciones primarias que mantienen buena parte de sus costos en pesos, y obtienen ganancias en dólares. Sus aliados son los industriales que no comparten con los ruralistas su modelo agroexportador, pero sostienen que una buena devaluación les devuelve también a ellos una rentabilidad que los preserva de importaciones en el mercado local.
Enfrente está el modelo kirchnerista, por nombrarlo de alguna manera. Este propone retenciones para captar rentas de los exportadores, y que el Estado utiliza para seguir expandiendo su influencia en la economía, combatir la pobreza y las necesidades de infraestructura. El otro componente es un dólar controlado, que garantiza un cierto poder adquisitivo para los trabajadores y una competitividad regulada para la industria y las exportaciones.
Lo bueno del modelo del ex corredor de Formula 1 y de los industriales devaluadores es que no propone volver al 1 a 1, con sus consecuencias de destrucción de la industria y el consiguiente aumento de la desocupación. La actividad económica puede seguir en expansión y con un crecimiento interesante. Lo malo es que tiene un efecto directo sobre el nivel de los salarios y sobre los ingresos del Estado. Es decir, los más perjudicados por esta propuesta son los asalariados que van a ver disminuidos sus ingresos, y más aún los trabajadores estatales que en la mayor parte del país representan cerca del 40 % del empleo directo e indirecto, o aún más. Ellos sufrirán las consecuencias de un Estado con menos recursos para garantizarles que no pierdan la carrera contra la inflación.
La CGT sabe que las alternativas a lo que hay son peores para los trabajadores que lo actual, y por eso se ha convertido en el principal sostén del gobierno, junto a la mayoría de las provincias que dependen fundamentalmente del empleo estatal (NOA) o que demandan más recursos para recuperar a los excluidos (Gran Bs. As.).
En esta clave hay que mirar la movilización de hace unos días en la avenida 9 de julio, que demostró que la CGT es la única estructura política-gremial nacional organizada y movilizada, capaz de sostener la pugna por modificar las condiciones económicas del país.
En eso ha quedado reducido el apoyo al gobierno luego de la pérdida de la confianza de los sectores medios urbanos. Quizás no sea mucho, pero está lejos de ser poco.

3 comentarios:

Nazareno dijo...

Es claro, por fuera de esto cagamos la mayoría...
¿cómo se posiciona para despuès del 2011, en el caso de que ganen algunos de los neoduahldistas, el amigo Hugo Boss?

Saludos,

un peronista... a secas?

Anónimo dijo...

Muy buena la explicación de los "modelos" peronistas y del panorama a 2011. Creo que el modelos K, retenciones intervención a tontas y locas esta agotado, por lo menos en mi provincia,Jujuy,vamos para atrás y la pobreza está en un 40% facil. ¿Cual es la explicación? No se. Pero desde 2003 se nos viene diceindo que tenemos una relación privilegiada con el gobierno central,pero no pasa nada.
saludso

Anónimo dijo...

No vote o anule su voto.
Eva.