14 de mayo de 2011

El renacer Argentino





El renacimiento de la Argentina como país a partir de altos niveles de crecimiento durante casi una década, nos coloca frente a nuevas oportunidades y desafíos en la escena internacional que merecen explicitarse. La recuperación industrial hace tiempo dejo de ser un rebote, y estamos por encima de los niveles record de cualquier época. Por caso, la producción proyectada de autos de este año, de alrededor de 800.000 autos, es el doble que la de 1994, el mejor año de la década del noventa. Estos resultados son auspiciosos si además se le suma la tasa de inversión del 23 % del Producto Bruto y un mercado interno pujante. Variables como estas, permiten suponer la continuidad de la expansión económica. Claro que también tenemos desequilibrios, como la inflación y las crecientes importaciones.
Para ambas cuestiones, la solución viene por el lado de la demanda. Es decir, ampliar aún más la producción para superar los cuellos de botella y los ajustes por cantidades, de forma tal de aumentar la disponibilidad de bienes y servicios en el ámbito local, y acelerar el ritmo de exportaciones para acompañar el desempeño de las importaciones. Aquí se presenta el problema de que buena parte de las grandes empresas que operan en la Argentina son extranjeras. Sus decisiones de inversión se toman fuera de nuestro país, y en lugar de invertir sus ganancias, prefieren repartir los dividendos en el exterior. Frente a ello, entre otras medidas, se deben acentuar los incentivos a reinvertir las utilidades, a compensar sus importaciones con exportaciones, y a integrar pymes a sus cadenas de producción, sumando eslabones de agregación de valor. Además, el Estado debe ayudar con créditos y apoyo en misiones al exterior a las empresas argentinas chicas a convertirse en medianas, y a las medianas en grandes. Ellas son las que naturalmente van a acumular capital en el país, y sostener el nivel de crecimiento.
Pero también los demás actores juegan. El resto de los países que compiten contra nuestros productos, no están tan encantados con nuestra recuperación. Por estos días aparecieron conflictos con los dos países con los cuales tenemos los mayores déficits comerciales: Brasil y China. Restricciones a las importaciones tomadas por nuestro país están siendo retaliadas por contramedidas de esos países, que no se dan cuenta que son quienes tienen más que perder en el corto plazo, pues están en riesgo saldos comerciales que los benefician. Es cierto también que nuestro país es terriblemente dependiente de un puñado de productos de exportación y concentra gran parte de sus exportaciones industriales a Brasil. Por eso hay que saber que no habrá mayores niveles de autonomía, y capacidad de negociación, si no conseguimos diversificar la producción y abrir nuevos mercados.
En este sentido, el futuro de la Argentina está en Asia. Nuestro país tiene que ser capaz de generar un espacio de cooperación e intercambio económico entre Sudamérica y Asia, al estilo del que tenemos con Europa o el Medio Oriente, con una cumbre anual de presidentes, y reuniones ministeriales semestrales. En ese continente no solo se ubican 1/3 de la población mundial, a la cual hay que alimentar, vestir y entretener. También tienen economías con similares niveles de desarrollo al nuestro, y enormes posibilidades de complementación. También Africa, en especial el Magreb, Egipto y Medio Oriente, comparten algunas de esas características. Pero la cercanía e influencia por parte Estados Unidos y Europa en esas regiones, hacen muy difícil que podamos encontrar un nivel de comercio, inversiones y cooperación, que no nos hagan competir y perder frente a las empresas del primer mundo, que ven en estas geografías los patios traseros de su abastecimiento energético, y barreras de entrada a los inmigrantes indeseables. Naturalmente, lo mismo vale para el caso de México y Centro América en nuestro continente.
La oportunidad es grande. Tenemos la chance de proyectar el desarrollo de la Argentina, fijar su matriz de acumulación, y resolver el problema de la pobreza en menos de dos décadas. Para eso, hay que vencer la inercia que nos lleva a seguir disfrutando pasivamente de los niveles de renta de la soja, que nos atan a China y Europa, y el negocio de las multinacionales industriales, que nos atan a Brasil. En cierta forma, estamos atravesando uno de los momentos más trascendentes de los próximos cien años. Podemos ser dóciles, y respetar la nueva división internacional del trabajo, o ser rebeldes, aprovechar al máximo los niveles de autonomía que tenemos, y construir una inserción internacional independiente. En poco tiempo podemos ser un país importante, si nos atrevemos.
Algunos de los atributos de la política exterior de un país son tener una economía y un mercado interno que funcionen, tener cierta cohesión política y social que no se ponga en riesgo en cada cambio de gobierno, y tener conflictos que no amenacen la existencia misma del Estado. Hace diez años no teníamos resuelto ninguno de estos elementos. Hoy por suerte si. Todavía nos falta definir o, en todo caso, falta volver irreversible lo que Alberdi llamaba la “ley del desarrollo” de cada nación, su modelo de país, su modelo de inserción.
Los próximos cuatro años pueden marcar ese camino. De ello depende no volver a cometer el error de la década del 30 del siglo XX, cuando la elite dirigente nacional prefirió sellar nuestro destino colonial, pensando que solo así podríamos superar la crisis de aquellos años. Hoy sabemos que los demás países solo respetan a los que se hacen respetar, y eso implica no hacer lo que ellos quieren. Por eso, los conflictos que sobrevengan no van a implicar más que las tensiones de romper con 200 años de atraso y subdesarrollo. Así que nadie se asuste.

3 comentarios:

RON dijo...

Muy buen análisis Seba.
Una posible solución, por el tema de las empresas extranjeras, es la que impuso Perón. Si mal no recuerdo, no podían enviar a sus casas matrices fuera del país, mas del 8% de las ganancias.
Un abrazo grande
RON

Un Gremio Mejor es Posible dijo...

Excelente nivel de análisis compañero. Hace falta un debate en serio acerca del proyecto de país que nos debemos, no sólamente en términos del "modelo", sino también incluyendo las estrategias para mantenerlo, cambiarlo o profundizarlo. Muy buen artículo.

Mario Luis CARDOSO CERUSICO dijo...

Qué buena onda este artículo!!! Muy inteligente, además. Por eso me gustaría preguntarte por qué los economistas no hablan de la inflación que producen los Oligopolios como MOLINOS que produce la primera, segunda y tercera marca de todo lo que comemos y aumenta los precios mes a mes PORQUE GANA FORTUNAS CON UN DÓLAR PLANCHADO (Encima se da el lujo de aumentar los sueldos de los empleados para taparles la boca)