29 de octubre de 2010

Poner el cuerpo


Borges dijo alguna vez que durante el último segundo de vida de una persona, puede pasar que se le revele el sentido de su existencia; la razón de su muerte.

Nestor Kirchner es parte de una generacion que creyó en la política como herramienta de transformación, y en el Estado como instrumento principal de las clases populares para enfrentar a los grupos concentrados de poder. Su generación fue la última que se atrevió a dar la vida por esos ideales: puso su cuerpo frente a las balas de la triple A y los campos de concentración de la dictadura.


A los sobrevivientes, la vida volvió a sorprenderlos con la posibilidad cercana de convertir sueños en realidades. Ese milagro ocurrió con la inesperada elección de 2003, que llevó a Kirchner a la Casa Rosada. En estos años, y aún con errores y condicionamientos de todo tipo, se consiguió reconstruir la autoridad presidencial, poner en marcha politicas sociales revolucionarias, meter presos a los genocidas, desactivar la bomba de la deuda externa, y desarmar enormes negociados de grupos finacieros y economicos. Se creció como nunca, y se logró el increible resultado de reindustrializar el país, que venía en caída libre desde las políticas antinacionales de Martinez de Hoz.


Pero con el correr del tiempo, la toma de conciencia general del 2001 se olvidó. La propia sociedad cambió su agenda, a medida que se alejaba del infierno. Subida al caballo del consumo, empezó a demandar políticas que no estaban en el repertorio, que no estaban en las banderas, que no eran partes de las viejas luchas, que hablaban mas de los egoismos de la década del noventa, que de los sacrificios de aquellos jóvenes de los 70.


¿Podía evitarse eso? ¿Podía Kirchner ser diferente a si mismo? ¿Era inevitable que la sociedad se cansara de un gobierno? ¿Faltaba inteligencia, pragmatismo, sentido de la oportunidad, saber seguir la ola? Lo seguro era que no habría una tercera chance para esta generación. Lo que no se hiciera en este período, quedaría trunco. ¿Que hacer entonces con todo lo que faltaba, con todas las transformaciones inconclusas? ¿Que hacer para revertir la tendencia?


El destino quiso que ayer por la mañana el corazón de Nestor Kirchner no resistiera el peso de un país. Dos operaciones este mismo año le habían señalado las limitaciones que insistió en desconocer. Y era lógico que así fuera. Nestor terminó poniendo su cuerpo, y se fue a reunir con sus compañeros y compañeras que lo hicieron también hace treinta años, sin importarles otra cosa más que el destino del país y la felicidad del pueblo. En este sentido, su muerte cierra un circulo perfecto.


Tan grande acto de generosidad por una causa política, totalmente desactualizado para una sociedad anestesiada como la nuestra, causa admiración, respeto o, al menos, descoloca a sus adversarios. Quienes tuvieron la bajeza de festejar por un momento su muerte, deben estar reflexionando. El enorme hecho politico que constituye su despedida, el reconocimiento del pueblo y los países hermanos, no puede confundirse con un evento más, totalmente coyuntural. La muerte de Kirchner entró directamente en la historia del país, y representa un momento bisagra que revierte la tendencia iniciada durante el conflicto con las patronales del campo. Va a quedar en la memoria de millones de personas, junto a la fortaleza de la presidenta, que enfrentó su dolor y lo compartió con el pueblo en jornadas interminables.


Voluntariamente o no, inconcientemente o no, Kirchner resolvió con su muerte el problema de la continuidad del proyecto de reconstrucción nacional. Con el sacrificio personal, saltó el cerco del relato mediático-opositor, que convenció a la clase media de la existencia de una figura megalómana que anteponía su vocación de poder ante todo. Si, es cierto. Para eso pagó con su vida. Si, se fue, pero blindó a Cristina de una manera única. En adelante, cualquier deslealtad será inadmisible, y condenada en las urnas en octubre de 2011. Si, nos dejó, pero puso fin a la polarización política, que obligaba a todos los opositores a atacar lo hecho por el gobierno, como un acto de fe antiK.


Pero sobretodo, envió un mensaje a la sociedad, al dejarnos a Cristina como parte de lo que más amaba (pensemos que si él hubiera sido reelecto como todos especulaban, hoy estaría jurando Cobos). Con ese hecho, reinvindicó también la comunión entre el amor y la militancia, que es un valor sagrado del peronismo, y guía de aquella generación que dio la vida en los 70. Ahora más que nunca, Cristina encarna el proyecto, y va a ser muy fácil ayudarla. Porque después del sacrificio de Nestor Kirchner, no tengo dudas que el pueblo va a acompañar sus ideas como bandera hasta la victoria.

12 de julio de 2010

Cristina en China


Tratando de retomar la actividad en el blog, pensé en escribir un artículo sobre los cambios que sigue generando la acumulación de capital en Asia, y como este proceso se aceleró con la crisis financiera y económica internacional, que arrancó en 2008.

Claro que esto no va a influir en las elecciones para el 2011 en la Argentina (o tal vez si). Tampoco va a mejorar o ampliar los derechos de las minorías en nuestro país, o las políticas sociales para disminuir la pobreza (o tal vez si). Ni siquiera va a garantizarnos mejores sueldos o ingresos en los próximos años a nosotros, nuestras familias, amigos y vecinos (o tal vez si). A estas cuestiones de mediano plazo siempre conviene ponerlas en potencial, y evaluar que la lentitud de los procesos no significa que no tengan efectos microeconómicos.

Vinculado en algún sentido con el desplazamiento de liderazgo económico hacia oriente, Natalio Botana escribió el fin de semana un artículo en Clarín sobre el agotamiento del modelo de bienestar europeo, bajo la pesada carga de sus sistemas previsionales, el endeudamiento público, y la crisis demográfica. Europa en 100 años –decimos nosotros- se va a parecer a la Venecia actual. Un paraíso turístico: muy lejos de de las corrientes comerciales que la hicieron poderosa y prospera.

El nuevo modelo económico que se viene, que también será cultural y político, no se conoce con precisión. Si sabemos que este semestre las exportaciones chinas aumentaron un 43 % respecto del año pasado y que su superávit comercial, solo en junio, fue de 20.000 millones de dólares. Este dato no puede tomarse livianamente sin resaltar los bajísimos salarios chicos, y que en su legislación no está permitido el derecho de huelga. Además, los últimos días se conocieron noticias sobre una ola de suicidios en el marco de planes de lucha obrera y arrestos por “perjudicar la producción”. También podríamos agregar que en su sistema político existe un partido único, hay censura previa y la democracia al estilo liberal no existe.

Si bien no nos interesa criticar el modelo chino, si podemos anotar que no es el nuestro. El pueblo argentino ha conquistado después de años de luchas ciertos derechos laborales, políticos y sociales que no va a resignar.

En todo caso, en lo que a nosotros respecta, vale preguntarse que podemos esperar del futuro. Hagámoslo a través de un ejemplo. Imaginemos una zapatería muy bien decorada, con dos empleados de 60 años que se enferman mucho y faltan, por los cuales se pagan salarios altos a causa de su antigüedad. Pero todo eso se compensa con su dedicación a los clientes y conocimiento de lo que venden. El precio, claro está, no es bajo. Bueno, enfrente se instala un negocio enorme, con cientos de empleados que ganan 500 pesos mas comisiones, con productos baratos y de calidad dudosa, etc. El primer caso es, digamos, Italia, y el segundo, obviamente es China. La consecuencia natural en un sistema capitalista como el actual, es que la tienda chica se funda. Así de simple.

Ahora bien, los europeos todavía están lejos de fundirse, porque conservan mucho capital como para modificar su negocio, subsidiar a los que estén mal, y otras estrategias de supervivencia. Pero en definitiva es eso, supervivencia, frente a la alternativa de terminar resignando su modelo, flexibilizándolo para poder competir. Esa es la discusión.

Que le queda al resto del mundo, a los argentinos y sudamericanos, en esta competencia desigual. Como dice Paul Krugman en su artículo de ayer, Estados Unidos está complicado por el peso de su deuda, y en lugar de salir hacia delante, corre el riesgo de entrar en deflación y repetir la parálisis japonesa que ya lleva 10 años de estancamiento. En el ejemplo que dimos, Estados Unidos no sería ese pequeño negocio de zapatos italianos. Es mas bien un gran negocio, de productos de buena calidad, todavía paga buenos salarios e innova en sus productos. Pero es caro, y no tiene interés en aumentar la productividad para bajar costos. Antes que eso, piensa en echar personal, cerrar, y dedicarse a rubros donde pueda competir en mejores condiciones. Es decir, utilizar su capital para trasladar sus factores de producción hacia negocios rentables, antes que resistir donde los chinos serán inevitablemente más eficaces. El costo del cambio es el aumento del desempleo, mientras que los europeos pagarán con menos crecimiento.

Por último, estamos nosotros los latinoamericanos, y argentinos en particular. Nuestro país ni siquiera tiene un negocio de zapatos. Estamos fuera de esa liga. Apenas los brasileños pusieron un puesto en la feria de La Salada, mientras que los mexicanos están peleando para no cerrar el suyo. La Argentina vende cuero para zapatos.

Que Cristina haya ido a China siempre es bueno. La diplomacia presidencial siempre es y será más eficaz con países donde en la cúspide del Estado se toman la mayoría de las decisiones. El contexto de la relación bilateral lo ocupa la extorsión que representa el freno a las exportaciones argentinas de aceite de soja de hace dos meses. Ante este problema, el gobierno de Cristina resolvió bien la cuestión. Acelero la introducción de biodiesel a la matriz energética argentina, que utiliza al aceite de soja como insumo. Con esta medida restó oferta al mercado mundial de aceite de soja. Por un lado, como la Argentina es el principal exportador de aceite de soja del mundo el retiro de parte de su producción generará beneficios por el aumento del precio, y por el otro, se mejorará nuestra matriz energética, demasiado dependiente de combustibles fósiles en manos de multinacionales extranjeras.

Con esta respuesta al plantea hecho por los chinos, ir allá a negociar tiene otro color. No vamos a depender de sus compras, así como tampoco serán los únicos compradores. Es bien diferente a lo ocurrido en la última visita presidencial en el 2004, donde apenas nos estábamos recuperando de la crisis del 2002 y el tema de la deuda externa era el principal punto de la política exterior. Allí fuimos sin nada para negociar, solo con la esperanza de que compren nuestros productos y lleguen inversiones.

Ahora esta previsto que nosotros también hagamos grandes compras por miles de millones de dólares, de tal forma que la relación parece ir logrando cierta bilateralidad, y no sea tan asimétrica. Si ellos no ceden, pagarán un costo en términos de compras argentinas de materiales de alto valor que ellos nos quieren vender.

Volviendo al ejemplo presentado, la cuestión pasaría por aprovechar este escenario de competencia entre las zapaterías viejas y nuevas, para lograr una suba del precio del cuero. Sobre esa base, y la necesaria acumulación de capital subsiguiente, aprovechar las escasas oportunidades para poner nuestro propio negocio, en el cual podamos defender la producción nacional, sin resignar nuestro modelo económico, político y social.

8 de abril de 2010

Encuentro Nacional de Estrella Federal - 9 y 10 de Abril




Profundizar la articulación del Estado con la Sociedad para transformar la comunicación,
erradicar la pobreza extrema y el hambre
y generar trabajo decente para todos.


Viernes 09 de abril de 2010
Llegada de los compañeros de los diferentes puntos del país.

12:00 hs.
Salón Delia Parodi, Cámara de Diputados de la Nación. Recepción.

13:00 hs. Apertura.
Eleonor Faur (Oficial de Enlace UNFPA)
Juan Carlos Díaz Roig (Diputado Nacional)
(Asoc. Civil Estrella Federal)

13:30 hs. Panel 1.
La comunicación en la articulación entre el Gobierno y la Sociedad Civil para impulsar políticas de Estado.

Liliana Mazure (Presidenta del INCAA)
Luis Lázaro (Coordinador General del Comité Federal de Radiodifusión)
Sergio Novoa (RTA)
Moderadora: Lucrecia Cardoso (Asoc. Civil Estrella Federal)

15:00 hs. Panel 2.
ODM 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre y ODM 9: Trabajo decente.

Demian Panigo (Investigador CONICET)
Emilio Pérsico (Movimiento Evita)
Roberto Baradel (SUTEBA / CTA)
Omar Plaini (Diputado Nacional, CGT)
Moderador: Luis Macagno (Asoc. Civil Estrella Federal)

22:00 hs. Cena (Salón de SUTEBA, Piedras 740)

Sábado 10 de abril de 2010
Hotel BAUEN

10:00 hs. Plenario y luego Trabajo en comisiones.

13:00 hs. Almuerzo

14:00 a 18:00 hs Talleres de debate.

31 de marzo de 2010

25 de febrero de 2010

Tirando el off side




La metáfora vale. El bloque oficialista en el Senado está con ocho jugadores y van recién 10 minutos del primer tiempo. Frente a un centro peligroso al área, dieron el pasito adelante y quedaron todos los adversarios fuera de juego.
Claro que nadie en la tribuna festeja un off side, porque todos están esperando goles. Pero es un gesto que sirve en varios sentidos.
Fortalece al bloque, que se muestra organizado y con capacidad para manejar la jugada. Fortalece a los simpatizantes y militantes del gobierno, que sienten que no están derrotados, a pesar de que no se respete a la primera minoría de ambas cámaras. Mete presión sobre los opositores, que ahora van a tener que cuidarse mas de la cuenta, después de haberse recriminado entre ellos el exceso de confianza.
Pero hay más. La política y el fútbol son muy dinámicos. Seguramente los opositores consigan dominar todas las comisiones del Senado en unos pocos días. Eso implicará estar en condiciones de imponer una goleada al oficialismo. Pero a partir de ese momento, todos los plazos les empiezan a jugar en contra. Quien tiene superioridad numérica debe enfrentar su propia ansiedad por derrotar al adversario.
Los 8 jugadores del oficialismo pueden convertir su lucha desigual en un acto heroico, a fuerza de patear la pelota afuera y aguantar el cero a cero, con la esperanza de que sucedan dos cosas. Todavía es posible que algunos de los opositores sean expulsados de la cancha. Así ocurrió con Evo Morales, que logró debilitar a las regiones opositores, con el encarcelamiento de un gobernador que ordenó una represión brutal sobre indígenas; o Lula, que logra fortalecer a la candidata de su partido, mientras la derecha brasileña se debilita por las acusaciones de corrupción contra sus principales candidatos a las presidenciales.
En segundo lugar, el mero paso del tiempo provoca que ese combinado del resto del mundo se ponga tan ansioso, que comiencen a aparecer las vanidades y las disputas personales ocultas detrás de la búsqueda del éxito inmediato. Esos últimos treinta minutos, que comienzan en el segundo semestre de este año (o antes, si la goleada se produce y se cumple el objetivo que los reunió), pueden ser los más salvajes en términos de patadas y zancadillas, no solo respecto del oficialismo, sino también entre ellos. En ese momento tendrán que comenzar a diferenciarse para ofrecerle a la sociedad algo más que el mote de antiK. Cada uno va a querer hacer su gol, y esa es la mejor noticia para una defensa consolidada.
En ese contexto, la oposición va a tener que sostener la ofensiva, convocar las sesiones, priorizar los proyectos y las expectativas, disciplinar a su equipo y convocarlos a cada sesión, incluso a Menem, con quien ninguno de ellos quiere sacarse una foto. Es un trabajo enorme que será difícil que logren desde un combinado con intereses tan heterogéneos, aunque coincidan por ahora con la táctica de juego. Incluso puede que Cobos, como árbitro que es, se tiente con sancionar algún penal, presionado por sus partidarios para mostrarse parte del éxito, a riesgo de que se peleen los goleadores por patear, y él se muestre demasiado parcial en su rol institucional, al punto de forzarse su renuncia.

7 de diciembre de 2009

El día después de mañana




Existe en la Argentina un conflicto de legitimidades. Mientras el Poder Ejecutivo goza de su mandato de cuatro años obtenido por el 46 % de los votos, las oposiciones, en sus múltiples variantes, triunfaron en casi todo el país en las elecciones de medio término. Cabe preguntarse en este punto para que están las elecciones de medio término, ya que desde el 83 a esta parte solo agregaron enfrentamientos entre los dos poderes. En Uruguay, por ejemplo, no existen.
Pero más que pensar en cambiar la Constitución, resulta más efectivo razonar que hacer con el dilema de un Congreso y un Ejecutivo enfrentados y legitimados por el voto popular. ¿Quien manda entonces en la Argentina: el Congreso o el Ejecutivo? Esta claro que en nuestro sistema presidencialista el Poder Ejecutivo tiene preeminencia respecto del Congreso y no hay que ponerse colorados por eso. Entre la capacidad de llevar adelante la gestión y dividir el poder para fortalecer los controles y balances, nuestra cultura, nuestra Constitución y nuestra práctica ha privilegiado al Presidente. ¿Está bien? ¿Está mal? Al que no le guste que vaya a llorar a la tumba de Alberdi, que de esto sabía bastante. Sin embargo, parece que de hecho se quiere cambiar lo escrito, con la idea de quitarle legitimidad de ejercicio a quien ejerce el Poder Ejecutivo actual.
Más aún, éstas oposiciones, como debería decirse, pues unificarlos bajo un concepto singular “la oposición” es una construcción de los editorialistas del domingo, simplifica la expresión electoral y se convierte en la exegeta perfecta dispuesta a “interpretar” al electorado que votó tanto a Néstor Pitrola como a Alfonso Prat Gay. Ese resultado lo traducen en un mandato bíblico: hacerle todo el mal posible al gobierno nacional. Su discurso es interesantísimo. El gobierno en adelante no podrá llevar adelante ninguna política sin consenso y diálogo con las oposiciones, porque así lo dispone la República; pero las oposiciones solo ejercerán el diálogo y el consenso con otros opositores, porque al oficialismo le perdieron la confianza.
Es tan hipócrita el planteo, que quienes alegaban que el gobierno tenía la suma del poder público, ahora que perdió la mayoría en las comisiones dicen que está derrotado y ya anticipan la implosión de lo que le queda de Poder. En todo caso, en algún punto medio de su falso discurso tiene que estar la República, porque si la contrapartida del poder absoluto es la implosión, entonces están reafirmando que solo se puede gobernar de esa forma, o simplemente especulaban con vencer al gobierno con una retórica vacía.
Frente a este diagnóstico, y sin una mayoría que pueda marcar el rumbo, los pronósticos políticos no pueden ser menos que negativos. Pero todo es tan dinámico.
La elección que tradujo en votos el sentimiento de que éste era un gobierno al que le faltaban límites fue la del 28 de junio. Eso ya pasó, ahora viene el 28 de octubre de 2011. Las oposiciones tienen que abandonar su competencia para ver quien dice cosas peores del matrimonio, porque en ésta nueva etapa, en la cual son mayoría, ya no rinde los mismos frutos que antes. Tendrán que reconvertirse rápidamente en opciones de gobierno. Seguramente muchos de ellos no lo lograrán y ya los veremos pelearse entre si por el botín del antikirchnerismo, acusándose mutuamente porque en su construcción de cara a las presidenciales aceptan fragmentos en fuga del universo K.
En este escenario hace su aparición la reforma electoral aprobada la semana pasada, que introduce elementos importantes que son interpretados a favor del gobierno pero que todavía no están claros. El objetivo declarado de combatir la fragmentación política parecería loable, aunque muchas de las modificaciones introducidas licuaron esa iniciativa. Hay que ver también si lo que quedo sirve para superar la situación actual y favorecer los acuerdos entre los partidos, dentro de los cuales hay matices bien diferenciados. A nuestro modo de ver, tenemos en el país tres tipos de partidos. Los Nacionales (la UCR y el PJ), los Parroquiales (MPN, Socialismo de Santa Fe, Pro y ARI Tierra del Fuego) y los Veletas (Pino, Coalición Cívica, Partido Nuevo de Córdoba).
Los Nacionales son aquellos con expectativas reales de llegar al gobierno nacional, tienen responsabilidades a cargo en gobiernos provinciales y municipales y tienden al acuerdo en función de la interdependencia y la alternancia democrática. Los Parroquiales son partidos (o expresiones de partidos nacionales, como Colombi o Zamora) cuyo abanico de relaciones va desde los acuerdos tácticos, hasta el chantaje por recursos. Su objetivo pasa por obtener mejoras para sus territorios a cambio del apoyo en políticas y leyes claves. Estos actores son naturalmente pragmáticos, suelen estar en contra de reformas profundas y vacían la política nacional para colocar su agenda local. También existen grises en razón de su vocación nacional, como el socialismo santafesino, o el Pro de Macri, que ganó hace dos años pero todavía no asumió el gobierno de la ciudad. En esta categoría se da el caso llamativo, donde en las elecciones se presentan como opositores del gobierno, pero son quienes permiten alcanzar mayorías legislativas oficialistas, convirtiendo derrotas en victorias.
Los Veletas son quienes van detrás de las encuestas, o peor aún, detrás de la agenda de los grandes medios. Esta categoría está presente en los fragmentos desprendidos de los grandes partidos, y en partidos nuevos que se presentan como apolíticos. No tienen demasiado arraigo territorial y se jactan de eso. Su lugar para hacer política son los sillones de los programas políticos. Y como no tienen responsabilidad de gobierno no tienen costos en sus cambios de rumbo. Incluso, cuando ganan elecciones ejecutivas, el partido termina rompiéndose entre los que gestionan y los que solo opinan.
Dicho esto, podemos ver que, a grandes rasgos, la reforma ayudará a alcanzar acuerdos estables con los Partidos Nacionales y los Parroquiales, para lo cual la ley hace bien en fortalecerlos. Eso evitará que su debilidad admita que se los coopte desde sectores concentrados o ciertas figuras compren sus apoyos en aventuras millonarias. Con quienes no se puede negociar es con los Veletas, y a ellos van las restricciones. El resultado de esta operación será un sistema político menos histérico y menos permeable a la presión de medios de comunicación y demás poderes concentrados.
En definitiva, y volviendo al escenario post 10 de diciembre de 2009, si algo va a darle continuidad al endeble acuerdo de las oposiciones va a ser terminar de hundir al gobierno y sus expectativas rereeleccionistas, con variantes que incluyen meter preso al matrimonio. Recién después de ese momento, virarán sobre su eje para pelearse entre si. En este punto, la postergación de la campaña hasta mediados del 2011 como introdujo la reforma electoral, con internas abiertas, obligatorias y simultáneas, nos hacen pensar en que Kirchner ya tiene planeada alguna jugada. O se cambia el apellido para evitar un voto en contra mayoritario, o el país vuelve a crecer pero al 15 %, o ensaya alguna salida electoral donde el sea el jefe político, pero no el candidato, cosa que no suele salir bien.
Pero quien sabe.

17 de noviembre de 2009

Un grito de corazón



por Germán Calvi

“una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”
Fidel Castro

En estos días, se declaró en la legislatura de la ciudad de Buenos Aires, de interés cultural la película “1973, un grito de corazón” dirigida por Liliana Mazure, eso me dió la excusa justa para buscar la peli y mirarla…
Me emocioné mucho y me dejó muchas ideas dando vueltas… repasaba la existencia de un proyecto transformador en un momento en que América Latina estaba cambiando claramente en un sentido más libre, más justo, más soberano, con las características propias que el peronismo le dio, con una impronta que nadie, nunca, pudo borrarle a la identidad popular de nuestro país… luego el golpe, luego dieciocho años de resistencia… ¿existirá otro partido político en la historia de la humanidad que tras ser perseguido, reprimido, silenciado, negado, borrado de la historia oficial, condenado al ostracismo desde la formal mirada de nuestros enemigos, pueda sobrevivir con tanta fuerza como lo hizo el peronismo en Argentina?

Luego, el regreso de Perón, una clara victoria del pueblo organizado.

Y me quedé enganchado con la comparación de las condiciones previas al golpe… del peronismo dividido, de un enemigo unido, de la clase media y la izquierda funcionales al proyecto imperial, de una oportunidad histórica que se diluyó… pudiendo consolidarse. O que se interrumpió porque las fuerzas no dieron para más…

Y recordaba un fragmento, donde Urien (un marino peronista) comenta que un militar de alto rango, que al asumir Cámpora y ver la euforia popular, lo visita en su celda y le pregunta muy preocupado: ¿Ustedes van a hacer la revolución?
Y se responde a sí mismo: No van a poder, no lo vamos a permitir, estamos dispuestos a matar a un millón de personas, pero no van a hacer ninguna revolución acá…

“la violencia en manos del pueblo no es violencia, es justicia” decía Perón desde el exilio, en momento de la resistencia…

Y así mezclaba, más que reflexionaba, entre la política, la cultura, la violencia, la militancia, la historia, nosotros, ayer y hoy, el futuro… en este momento en que la política argentina amaga con regresar a lo peor del pasado, con conflictos latentes por la pérdida de derechos de los represores y el sistema político que les daba impunidad, por la pérdida de derechos de los monopolios en la comunicación, por la pérdida de derechos de los grupos financieros en el manejo de las AFJP, por la pérdida de derechos del peronismo neoliberal y neoconservador, que paso a paso va perdiendo algunos privilegios y espacios de poder… enfrentados a una CGT y organizaciones sociales absolutamente comprometidas con este proyecto de país, con un peronismo militante y transformador, con una sociedad que apuesta a la democracia como camino de transformación…

Al medio de esta mezcla, recuerdo el “día de la militancia”, y desde ese recuerdo, le rindo homenaje a Alberto Methol Ferré, un militante uruguayo cuya obra de vida se puede honrar en un día como este, hizo un gran aporte a todas las ideas libertarias de la patria grande con que San Martín soñó… integrante de la resistencia que parió el Frente Amplio, que este mes llevará a un Tupamaro a la Victoria… rendimos homenaje a un compañero que falleció ayer, en Montevideo, y junto con él a toda la generación de historiadores y militantes políticos que con sus escritos han abierto los ojos a generaciones frente a una intelligentzia servil a los intereses foráneos.



Y como él decía, repito: “los traidores están condenados a quedarse afuera de la historia del pueblo, que en cada paso, planta una semilla y en cada lluvia raja la tierra, y aparece, de abajo para arriba, con la contundencia de lo que está condenado a suceder, mientras existan compañeros convencidos de que hay que seguir sembrando…”

Y hablando de sembrar, este fin de semana pude compartir con otras organizaciones del campo popular, en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, un momento gestacional de algo nuevo… pudimos debatir sobre la producción de contenidos, sobre la comunicación, sobre la cultura, sobre el rol de las organizaciones sociales y políticas, el Estado, los directores de cine… algo realmente interesante…

“no existe un proyecto de nación sin un proyecto cultural de nación, porque lo único que no puede importar un país es su cultura”. Jorge Coscia, Secretario de Cultura de la Nación.



Y así me despido, un tanto disperso, pero sin querer dejar pasar este día, por el día de la militancia, ni este momento, el de la muerte de Alberto Methol Ferré, para recordar para qué militamos los que elegimos seguir sembrando…

¡Viva Methol Ferré y todos los pensadores libertarios!

¡Viva la presidenta Cristina y los presidentes latinoamericanos que son parte de la transformación popular!

¡Viva Perón!
carajo…

Lo de afuera y lo de adentro




Lo que pase en la Argentina durante los próximos días, semanas e incluso meses no tiene demasiada importancia para el destino del país. Quedarse en el calendario de piquetes, los pases de bando de diputados y los comentarios más o menos intencionados de artistas y periodistas es un ejercicio innecesario. Es tan grande el cambio que esta operando el mundo en estos años, que nuestro futuro depende tanto lo que ocurra afuera, como de lo que podamos hacer nosotros.

Este cambio de época que estamos viviendo representa en primer lugar un paso positivo de la humanidad, porque se está dando sin enfrentamientos militares. Todos los procesos históricos y políticos ocurridos desde la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX estuvieron marcados por disputas por la distribución internacional del trabajo, dominio de colonias, esferas de influencia y recursos naturales.

Estas guerras y la legalidad que se construyó en consecuencia para dar estabilidad a una determinada correlación de fuerzas, le permitió a los Estados Victoriosos suficientes márgenes de acción como para acomodar sus políticas y economías a las cambiantes situaciones del comercio internacional y la diplomacia. Es decir, para no perder sus privilegios y la capacidad de cambiar las reglas si entendían que su posición estaba amenazada.

En nuestra región, cada proceso tuvo su correlato en gobiernos que se fueron aliados menores de los Estados Victoriosos de cada confrontación, y que durante todo el periodo referido estuvo liderado por Europa Occidental y Estados Unidos. Ninguno de nuestros gobiernos dejó de representar un sujeto histórico previsible y equivalente con otros gobiernos de la región, de acuerdo al grado de desarrollo industrial y la propia cultura nacional, y que con mayor o menor éxito procesó las demandas sociales de su época.

Lo que esta pasando ahora, es que esos Estados Victoriosos no están pudiendo dar con las reglas que le garanticen continuar con su posición de privilegio. Europa va camino a convertirse en una gran Venecia, que pasó con los siglos de centro comercial a postal de enamorados. Mientras que Estados Unidos enfrentará el desafío de contener la conflictividad social interna, por no poder sostener sus niveles de consumo actuales. Por eso, están admitiendo nuevos socios al club de quienes escriben las leyes, con la idea de compartir con los Estados Emergentes la conducción del proceso histórico, pero sobretodo para hacerlos participes de la responsabilidad de sostenerlo. En esa lógica se inscribe la consolidación del G-20 y el aporte de los más grandes Países Emergentes al FMI, entre otras medidas.

El asunto es que esos Países Emergentes, entre los cuales estamos nosotros, tienen su propia agenda y su propia medicina para la etapa histórica. La crisis financiera y de la economía real que estamos atravesando es el primer test de esta nueva Gobernabilidad Mundial.

En este punto se inscribe el comentario del editorialista norteamericano sobre la reciente visita de Obama a Pekín, y la tragedia que significa para el país más poderoso del mundo, depender comercial y financieramente de China:

“los chinos no parecen entender la situación: en vez de enfrentar la necesidad de cambiar de política monetaria, han preferido sermonear a Estados Unidos, diciéndonos que debemos subir las tasas de interés y reducir el déficit fiscal. Es decir, empeorar aún más nuestro problema de desempleo”. Paul Krugman en The New York Times.

El comentario de las autoridades chinas suena a aplicarle a Estados Unidos su propia receta frente a los desajustes de las economías emergentes en la década del noventa.

¿Qué pueden hacer nuestros países en este contexto en la parte que les toca, como para no desaprovechar la oportunidad histórica de jugar en primera por única vez en nuestra historia?

En primer lugar, tienen la posibilidad de elegir opciones, cuando hasta hace unos años el único camino era el ajuste. Para poder ser parte en ese juego internacional lo primero debe ser lograr cohesión social interna, de forma tal que quede tiempo y recursos como para disponerlos en el tablero internacional. Esa cohesión se logra resolviendo dos temas complejos. Incluyendo a los excluidos, lo que está en camino de lograrse gracias a planes como la asignación universal a la niñez; y en segundo lugar, trabajando en definir el perfil de inserción internacional a largo plazo de los paises, asunto que ha sido responsable del atraso argentino de los últimos 30 años, y que no ha sido posible resolver hasta ahora.

9 de octubre de 2009

Premio Nóbel de la Paz para un Peronista



Por Carlos Fusco


La llegada del Premio Nóbel de la Paz para Barack Obama precisamente cuando en la política doméstica su imagen parece estar presentando señales de fatiga en el electorado, y a tan sólo 9 meses de haber asumido, sólo puede tener una lectura y es en clave política: se ha premiado el giro que le dio su gobierno a la política internacional y la reivindicación a la diplomacia como herramienta de mediación ante los conflictos entre países.

El galardón que tomó por sorpresa a todos, incluso a un escéptico Obama quien dijo “honestamente creo que no lo merezco”, generó un potente rechazo en el partido Republicano que algo perezoso de reflejos salió a fijar posición criticando duramente al Comité Nóbel –la comisión legislativa designada por el parlamento noruego para otorgar el reconocimiento- por su decisión en premiar al presidente norteamericano. “¿No es demasiado pronto?” “¿Qué es lo que Obama ha hecho en realidad? se preguntaban con ironía, resaltando que el presidente nortemericano pone a la retórica por encima de los hechos en una crítica que cada vez más frecuentemente le propinan.

Si bien podría esperarse mucho más de Obama, el Premio Nobel de la Paz en cuanto que es la distinción política más importante del mundo ostenta férreos criterios de selección. En efecto, sus ganadores deben demostrar "la mejor o la mayor intervención a favor de la fraternidad entre Estados, la abolición o el desarme de los Ejércitos, así como la organización y el apoyo a conferencias de paz".

Veamos. Según estos criterios, el solo cambio de marcha en la política norteamericana frente a Irak, la decisión de abolir el presidio de Guantánamo (aún no totalmente implementada y sin contar con Abu Grahib seguirá en pie), las recientes conferencias bilaterales con Rusia por el desarme nuclear, su firme pero dialoguista actitud para con Irán revirtiendo el proceso que hubiera desembocado en una casi segura guerra de consecuencias imprevisibles, y la actitud oficial de su gobierno frente al golpe de estado en Honduras, probablemente lo convierten en merecedor del Premio y resalta la vocación del parlamento noruego por destacar las diferencias con su predecesor, MR. Danger, al decir de Hugo Chávez.

Definitivamente el mundo hoy abriga una esperanza cierta de que algún cambio es posible. Cuando la primer potencia mundial, empezó a dejar su vocación de imperio hegemónico para tender una mano al diálogo y comenzar a tratar a otros países como pares, aún cuando la macroeconomía y otras variables se encargan de desmentir a diario que lo sean, creando la conferencia del G-20 en reemplazo del G-8 como eje de la toma decisiones multilaterales del mundo industrializado, algo claramente diferente a la perspectiva de mundo de la era Bush. Y quizá esto sólo, ya sea para premiar.

Muchos han sido los que han querido ver en Obama un cultor de la “tercera posición”, e incluso la propia Presidenta Cristina Fernández de Kirchner se apresuró a decir que Obama estaba tomando “las mismas medidas que nosotros” ante la crisis financiera internacional desatada este año, ergo muchos salieron a decir con malicia que “Según Cristina Kirchner Obama es Peronista”.

Lo cierto es que su política estatizadota de empresas en crisis como solución ante el quiebre financiero, de cuño netamente keynesiano (a pesar de haber sido “acusado” de socialista por los republicanos) y que muy bien podría recordar a algunas de las políticas implementadas por el peronismo en diversas épocas. El fervor tendiente a preservar las organizaciones y el bien común antes que dejar que el mercado se auto regule aplicando su propia lógica con consecuencias imprevisibles, expresa más de una coincidencia por proteger al conjunto de la población frente a las apetencias de un pequeño grupo. La mayoría de las veces cobijados por el gobierno norteamericano de turno.

Esta decidida actitud de Obama preservó claramente la economía –no sólo norteamericana- sino de la mayoría de los países occidentales que hubieran caído en catarata ante el colapso. Pero esa enérgica actitud es de una naturaleza sin precedentes en el gran país del norte.

En 1962 Perón le escribía a Kennedy “Esta es la hora de los pueblos” para significarle que, mientras los Estados Unidos ganaban prédica en los gobiernos los rusos en cambio se acercaban más a los pueblos destacando que la justicia social debía ser el eje del debate.

Hoy el mundo ha cambiado sustancialmente como las circunstancias políticas en Argentina y EEUU. Me pregunto qué carta le escribiría un Perón actual a Obama.

Resulta muy interesante ver que en la carta de Perón a Kennedy éste le escribe sobre el papel de los medios de comunicación: “(...) Uno de los peores males que azotan al pueblo y al gobierno norteamericano son sus agencias de noticias y sus cadenas publicitarias, que actúan en todo el continente, dirigidas por la Sociedad Interamericana de Prensa (S.l.P.). No es secreto para nadie que tales agencias y cadenas sirven normalmente a intereses muchas veces inconfesables y que detrás de su acción publicitaria no hay más que sofismas y falsedades al servicio de tales intereses. (...)”.

Parece que a pesar del transcurso de los años, los cambios en el mundo y las circunstancias de cada país, algunos debates siguen siendo exactamente los mismos que hace más de 40 años sobre libertad de empresa y rol del estado. A propósito de esto, en el famoso reportaje que le hiciera Rodolfo Terragno en 1967 en Madrid, El General le decía: “(...) cuando llegué al poder estaba todo organizado. Amortizamos la deuda externa y ya no hubo que pagar más servicios de deuda. Vimos que con los ferrocarriles se nos iba una carrada de oro, y entonces los compramos por el oro que ellos se llevaban en un solo año. Después, teníamos que frenar el contrabando de exportación, porque también por allí se iban las divisas, y creamos el IAPI, que lo calcamos de Estados Unidos. Un día empezamos a contar el dinero y ahí fue la sorpresa: no sabíamos qué hacer con tanta plata. (...)"

Diría un guionista que cualquier semejanza con la actualidad es pura coincidencia. ¿Será?

1 de septiembre de 2009

Caminando sobre el filo




El acuerdo implícito de gobernabilidad que alcanzó el gobierno nacional con los gobernadores, intendentes, centrales sindicales y la UIA, es la nueva fuente de legitimidad para encarar la etapa que viene hasta el 2011, o al menos hasta el 2010.
Esta jugada no es de ninguna manera un cheque en blanco, pero aún así, el gobierno va a aprovecharla para hacer el trabajo sucio de llevarse puesto a algunos de los Grupos del Poder Permanente del país. En este sentido, el holding Clarín se compró todos los boletos y hacia él van dirigidos los cañones.
Como lectura posterior a la elección, el gobierno interpretó que puede recuperar los votos del 2007 retomando el centro de la agenda política. Para eso, introduce temas unos tras otros, sin dejar margen a que el tiempo avive las reacciones en contra. Además, sacó de la pelea la conducción del partido justicialista, hizo un cambio de gabinete, está introduciendo cambios en el INDEC, abrió rondas de diálogo, lanzó un plan contra la pobreza y construyó con inteligencia las mayorías que votaron leyes claves en el Congreso. En breve introduciría al debate una reforma política.
Es esperable que avance también con algunas leyes importantes que se constituyan en conquistas difíciles de revertir por el gobierno que venga en 2011. En el camino, le pegan en la frente los costos del desgaste que le produce el discurso opositor, reproducido mil veces por algunos medios hasta convertirlo en un zumbido casi unánime. Aún así, aunque le entren todas las balas, las acusaciones de corrupción, dueño del juego, mafioso, fascista, trata de blancas, y todo lo que quieran, ya fueron asimiladas por el 70 % de la población que les votó en contra. No existen peores palabras que las que ya se dijeron y, pese a todo, obtuvo su 30 % de los votos. Incluso, cuando algún juez procese o meta preso a algún miembro del gobierno, el Ejecutivo no tiene más que desprenderse de él y seguir adelante.
Mientras tanto, los que piensan en el 2011 y decidieron no hacer campaña junto al antikirchnerismo, se refugian en sus gestiones provinciales y se preservan para después de las batallas que enfrenta el gobierno nacional.
En cuanto a la ley de medios, el primer round fue con el tema del fútbol. Su resultado favorable a los intereses del gobierno y del país, y la débil capacidad del Grupo Clarín para impedirlo, llevaron a pensar que era oportuno introducir sin demora el proyecto de ley de medios audiovisuales. La reacción ésta vez promete ser más fuerte y en varios frentes.
La más obvia fue ponerles el micrófono todo el tiempo a radicales y peronistas disidentes para que se despachen contra el gobierno, para de paso olvidarse por un momento de sus propias peleas internas. Esta acción solo sirve para machacar sobre los millones de opositores al gobierno, y plantear una vez más que “está en juego la República”. Su lado débil se encuentra en la incapacidad de la oposición para hacer otra cosa que no sea oponerse, y plantear la antirrepublicana idea de cerrar el Congreso hasta que asuman los nuevos diputados y senadores.
La segunda movida consistió en ir por los presidenciables-peronistas-no antikirchneristas del 2011, en particular Scioli, para decirles que si rompen con el gobierno ahora, van a tener un tratamiento “a lo Cobos”, con cámaras en el hombro para cubrir las caravanas y los besos a los bebés. Caso contrario, lo de Borocotó va a ser un poroto. Esta estrategia incluye ayuda material a diputados poco convencidos, y no es imposible que logre algún resultado.
Por último, la táctica más reciente consiste en sumar al reclamo republicano por una prensa libre, al sector agrario, como lo presentan en la tapa de Clarín del 1 de setiembre. Lograr la unificación del reclamo de los medios y del campo, es el objetivo de la hora. A la fuerza del discurso se le agregaría una infantería que genere piquetes y caos. La diferencia estaría en que ahora el reclamo no pasaría por retirar la 125, sino por retirarlos del poder, porque se les perdió la confianza. Para eso es preciso extender el reclamo del campo por tiempo indeterminado, lo que se conseguiría, por ejemplo, si alguien con una cámara provoca a D Elia para que diga algo sobre la madre de algún integrante de la Mesa de Enlace.
El final está abierto.
El ejercicio de especulación que estamos haciendo puede fácilmente ser desmentido por la propia dinámica de los hechos, que ofrece a los opositores un amplio abanico de posibilidades, limitados por sus propias capacidades y enfrentados al accionar del gobierno y los movimientos de terceros actores. Entre las variantes, tampoco hay que descartar que impulsen después de diciembre un juicio político a la presidenta.
Si no prosperan estas iniciativas, tal como están las cosas hoy, tanto para la ley de medios como para otras, con algunos cambios el gobierno podría sumar bloques de centroizquierda y partidos provinciales a sus propuestas.

29 de julio de 2009

Lo que cambió y lo que no cambia en el nuevo escenario político


Por Germán Calvi

Para la militancia política argentina, del campo popular y nacional, la derrota electoral que sufrimos el 28 de junio, ratificó esa sensación de derrota de nuestro proyecto que se instaló en la sociedad desde que perdimos la votación en el senado con la 125.
El punto exacto en el que la fuerza política no dió para disputar la renta extraordinaria de un sector y que desnudó además las debilidades propias de quienes impulsamos este proyecto.
Hasta ese momento el kirchnerismo era la opción de poder que nos permitía sostener la ilusión de los grandes cambios para la política argentina, ahí vertíamos toda nuestra voluntad militante, sin especulaciones.
Esa derrota generó una fisura en la identidad política de nuestro movimiento, a través de la cual se colaron todos, pero finalmente, lo capitalizaron los especuladores de siempre.

Veníamos de tan atrás que las políticas industrialistas parecieron políticas revolucionarias, que poner en la cárcel a probados genocidas parecieron actos de un gobierno de izquierda, y nos pensamos tan adelante, que dimos pie al debate de los errores propios al calor del que creció un canal de expresión del descontento de la burocracia de Estado defendiendo su prebenda y peleando por “sus naturales aspiraciones”.

Así, hasta que el descontento de la pequeña burguesía agrícola, la falta de resultados sentidos en los sectores más humildes, la manipulación permanente de la información por los grandes medios, el desagrado de los sectores conservadores a que una mujer, peronista y progresista sea quien debe mandar, los intereses espurios y antinacionales de la derecha de siempre, lograron romper la hegemonía del kirchnerismo primero, construir una alternativa de poder después, y lograr una derrota política luego.

Podríamos decir que estamos como cuando empezamos, derrotados en las urnas por la derecha, sin hegemonía y con el duhaldismo como dueño de parte del aparato pejotista.

Solo que con seis años de desgaste, con las internas copando la agenda, habiendo polarizado el discurso, sosteniendo un escenario a todo o nada, en donde no se ganó la elección legislativa

Lo que veremos ahora, en los conflictos que debemos transitar, es cuánto pudimos acumular las organizaciones sociales y políticas del campo popular y cuánto pudieron sostener y acumular nuestros adversarios y nuestros enemigos, pero exhibido como dos grandes internas partidarias, en donde se puede pensar que habrá tres candidatos a presidente, dos de centro derecha (uno por el pj y otro por la ucr) y uno de centro izquierda (por el pj).

En el nuevo escenario nuestros enemigos aumentaron sus chances de ganar una elección a Presidente de la Nación, pero ¿podrán gobernar este país democráticamente?
En ese nuevo escenario, nuestros adversarios aumentaron notablemente sus posibilidades de mejorar sus prebendas en el Estado, pero ¿harán ellos, desde sus nuevos lugares de privilegio, un mejor aporte al bienestar del pueblo?



En ese nuevo escenario están también las fuerzas populares, los sindicatos, que tendrán que enfrentar un momento de crisis económica con achicamiento salarial, las organizaciones sociales, que tendrán que enfrentar políticas de mayor concentración y menor ejercicio de derechos, los gobernadores de la zona extrapampeana, que tendrán que luchar contra el centralismo unitario y el federalismo pampeano televisivo, las PYMES que viven del mercado interno, el comercio minorista.

Todos estos sectores presentaremos batalla, primero para sostener el rumbo, luego para defender las conquistas y finalmente para evitar que avance un nuevo modelo antipopular.

Por eso, una de las tareas para la militancia es articular a todos estos actores en cada uno de estos momentos. Construir puentes con cada sector de la sociedad argentina recuperando la iniciativa política y la legitimidad social.

No debemos entrar en las antinomias que el enemigo nos propone, las sangrías, las cacerías de brujas, los errores propios, el diálogo, Moreno, la soberbia, la corrupción, la falta de representatividad de alguno de nuestros interlocutores.
La verdadera pelea es hoy, más que nunca, el modelo.
Y este modelo político, que permitió el mayor crecimiento de la economía, con generación de empleo, desendeudamiento externo y fuerte inversión pública, agotó el ciclo del capitalismo que permitió viento de cola y ahora entra en una nueva fase, económica, por la crisis y la desaceleración, y política, por la ruptura de la hegemonía y la falta de apoyo popular.

En lo económico, la disputa por los costos de la crisis genera condiciones de alianza entre la gran industria exportadora y la gran agricultura, que pedirán un dólar altísimo, poniendo techo a la disputa salarial y generando condiciones de mayor desocupación y mucho mayor concentración de la renta. Atrás de este conflicto se colarán los intereses financieros, los especulativos, los del gran comercio.
Todos expresados por políticos con vocación de poder para el armado del 2011, auspiciados gustosamente por las grandes empresas de comunicación.

Para analizar el futuro político debemos poner primero la lupa sobre las políticas de gobierno y luego sobre las alianzas alrededor de las personas que sintetizan cada proyecto, debemos salirnos de la antinomia kirchnerismo/antikirchnerismo, teniendo en claro que representa Cobos y el radicalismo en términos de programa de Gobierno, qué representa Macri y un pedazo del peronismo, qué representa Reuteman… o sea, mirar más allá de las personas, de los potenciales candidatos, entendiendo que este retroceso en nuestra fuerza está mucho más lejos del fatalismo que lo que la impronta del propio Néstor Kirchner le asigna.

La tarea de la militancia sigue siendo la misma: construir poder popular para sostener un rumbo político que nos permita lograr y consolidar la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

20 de julio de 2009

Un nuevo comienzo





Nos equivocamos los que creímos que el proceso político abierto en el 2003 tenía más capacidad de reinventarse a sí mismo. Pensabamos que los errores podían compensarse, apelando a la buena suerte que siempre había acompañado al gobierno y la tranquilidad que daba no tener rivales creíbles. Pero no. En una sociedad tan dinámica como la nuestra, nadie puede quedarse quieto y “leer” la realidad desde el 2003, el 2005, o siquiera desde el 2007.
Y no es que pasaran cosas imprevisibles. Muchas de las lecturas que se hicieron en la noche del 28 de junio ya estaban en los diagnósticos previos: el gobierno terminó confiando en una maquinaria electoral que no le pertenecía, en lugar de aprovechar sus mejores años para fortalecer la fuerza política que le provea de sustento en tiempos difíciles. Hoy suena hasta forzado usar el adjetivo kirchnerista para referirse a los diputados electos de algunas provincias donde ganó el peronismo. Por otro lado, al no haberse modificado la matriz económica del país, ahora aparecen condicionados por los sectores tradicionales que ganaron muchísimo plata durante estos últimos años, y se sienten con fuerza como para imponer la agenda.
Así, operar y alimentar la fragmentación política solo pudo hacerse hasta que distintos espacios políticos se propusieron un objetivo común, quitarse al gobierno de encima. Lo mismo cabe para la economía. Las retenciones y los controles de precios eran mecanismos de la crisis, y reflejaban una correlación de fuerzas propia del 2003, pero que no podía esperarse que se mantenga inalterada en el 2008. Es decir, la misma estrategia política exitosa de los primeros años no se ajustó con el cambio de las circunstancias.
Al mismo tiempo, tanto más grave que la pérdida de un capital político acumulado en años de gobierno, resulta la distancia con las demandas actuales del pueblo. En este punto uno puede acordarse de cuando a Menem le preguntaban por la desocupación y él respondía con el combate a la inflación. Lo mismo pasa ahora con los reclamos por la inseguridad y políticas microeconómicas de estímulo, que van más allá de repetir las cifras de las reservas internacionales o el superávit. También pasa por la pérdida de confianza y esa sensación general de que estamos ante un gobierno autoritario e imprevisible. Frente a eso, no valen los discursos ni los cambios de gabinete. Hace falta decir que se va a hacer en el tiempo que resta de gobierno, explicitar el plan, los objetivos. Ya se demostró que no alcanza con decir lo que se hizo en el pasado para generar esperanza en el futuro.
Quedan dos años y medio de gobierno, todavía es posible avanzar en un conjunto de reformas imprescindibles. Para eso habrá que acordar con miembros de la oposición, aunque no sean muchos los que tengan posturas constructivas y racionales.
Difícilmente el gobierno pueda capitalizar alguna medida. Todas serán percibidas como concesiones en beneficio de la gobernabilidad. En cambio, todo intento de fortalecerse será leído como atentatorio de la idea de fin de ciclo que parece extenderse socialmente.
Lamentablemente, la sociedad argentina está yendo hacia la centro derecha, quizá a contramano del proceso mundial que luego de la crisis financiera redescubrió el rol del Estado, luego de los excesos del mercado. Todavía depende del gobierno que la demonización de sus figuras no se extienda a algunas políticas acertadas.

22 de mayo de 2009

La confianza perdida y las alternativas al Modelo




Tanto el adelantamiento electoral como la crisis internacional sirvieron al gobierno nacional para cambiar el eje del debate político. Estos hechos representaron una tregua en el callejón sin salida del enfrentamiento con el Campo. Por su parte, la excesiva confianza en sus propias fuerzas por parte de los ruralistas, les impidió ver que su agenda no había logrado hegemonizar el espacio de las demandas sociales, a pesar del apoyo de los medios y la oposición.
La ubicación de sus reclamos bajo el significante vacío del federalismo, la republica y la democracia, hábilmente utilizados para buscar extender la movilización a sectores no vinculados con lo agrario, fue en su contra cuando el paso del tiempo no les permitió entregar resultados a sus bases en términos de rentabilidad. Esos núcleos movilizados en las rutas y pueblos, fueron alejándose de sus representantes, a los cuales percibían cada vez más lejanos del reclamo originario.
La simpatía de los sectores medios urbanos tampoco pudo pasar del NO al gobierno, a una organización minina que sostenga la conflictividad bajo banderas menos principistas. La relación compleja entre los sectores medios y el Poder Político es vieja. Con el peronismo en especial, pero también con toda la clase política existe una desconfianza manifiesta que no parece revertirse.
En la presente campaña se pone en evidencia ese déficit de credibilidad. El apoyo al gobierno nacional ha bajado, pero casi no se ha movido la aguja de los líderes opositores, que no acumulan las pérdidas ajenas. Esto de a poco los ha llevado a entender que los votos que les faltan para ganarle al gobierno solo puede “sacárselos” a los demás opositores; con lo cual, las flores que se tiraban hasta ayer ahora se reducen a sus espinas.
Mientras tanto, la agenda propuesta por la oposición muestra la desorganización en que cayeron por el adelantamiento electoral del 28 de junio: los periodistas se asumen opositores, los opositores actúan como jueces electorales, los candidatos a diputados de una provincia prometen un plan de seguridad como si fueran presidentes o gobernadores, los mismos aliados en una provincia son opositores en otras, etc.
Más aún, el Radicalismo, que desde el fracaso de la Alianza viene buscando la manera de reconstruirse, hace un nuevo intento de contener sus contradicciones, que además se ponen en tensión con el intento de incorporar toda expresión de protesta contra el gobierno. Lejos de fortalecerlos, esto los expone a no poder formular propuestas económicas, más allá de la reivindicación al voleo de todo reclamo insatisfecho. Hasta hoy, lo único que se ha escuchado es al candidato de la capital, Prat Gay, proponiendo volver a endeudarnos con el FMI para compensar la hipotética eliminación de las retenciones, lo que constituiría una enorme transferencia de recursos de todos los argentinos, hacia un sector de los más beneficiados históricamente del país.
Es difícil que esa estrategia no sea percibida como un rejunte electoral del que ya dieron testimonio en 2001. Vale como ejemplo Carrió, que en los últimos 10 años formó parte de cuatro Alianzas distintas a las que fue metódicamente renunciando, y donde la única vez que ganó fue cuando hizo campaña por De La Rúa.
Hablando de rejuntes electorales que van a separarse el mismo 29 de junio, en el PRO peronismo de Mauricio Macri, Francisco De Narváez puede ser caracterizado como la figura opuesta nada menos que de Julio Cobos, a pesar de que tienen en común que nadie sabe a ciencia cierta que piensa cada uno. De Narváez quiere el poder a toda costa y pretende “comprarlo”, a pesar de que en el camino pierda legitimidad y aires de renovación. En cambio, Cobos ama el prestigio, y se aferra a el, aun resignando el Poder. Incluso ha dicho que no tiene problemas en compartirlo si alguna vez llega a ser Presidente, de acuerdo a su vocación dialoguista y de consenso.
En el peronismo la actual elección será un adelanto de las posibles internas para el 2011. El que gane en su distrito se asegurará un lugar en la mesa donde se decida el futuro candidato presidencial, que seguramente ganará las elecciones para suceder a Cristina. Fatalmente, aquella etiqueta que algunos denominaron kirchnerismo y que representó la simplificación de un fenómeno más amplio y complejo, será cada vez menos popular. Muchos tenderán a aclararles a los periodistas que ellos siempre fueron peronistas, a secas.
Más acostumbrados a estos cambios de escenarios que algunos opositores, los gobernadores juegan su juego. Sin perjuicio de las ligas que se armen, en lo sustancial, hay dos proyectos económicos distintos que se ponen en contradicción.
El de Reutemann, Busti, Schiaretti y otros, no parece distinto del duhaldista. Esto es, afirmar que las ventajas del tipo de cambio competitivo que permitió la recuperación desde el segundo semestre del 2002 se agotaron, y hay que tomar medidas para que los sectores exportadores e industriales recuperen rentabilidad. En pocas palabras, devaluar el peso y quitar las retenciones. De esta forma se beneficia el campo, la minería y demás exportaciones primarias que mantienen buena parte de sus costos en pesos, y obtienen ganancias en dólares. Sus aliados son los industriales que no comparten con los ruralistas su modelo agroexportador, pero sostienen que una buena devaluación les devuelve también a ellos una rentabilidad que los preserva de importaciones en el mercado local.
Enfrente está el modelo kirchnerista, por nombrarlo de alguna manera. Este propone retenciones para captar rentas de los exportadores, y que el Estado utiliza para seguir expandiendo su influencia en la economía, combatir la pobreza y las necesidades de infraestructura. El otro componente es un dólar controlado, que garantiza un cierto poder adquisitivo para los trabajadores y una competitividad regulada para la industria y las exportaciones.
Lo bueno del modelo del ex corredor de Formula 1 y de los industriales devaluadores es que no propone volver al 1 a 1, con sus consecuencias de destrucción de la industria y el consiguiente aumento de la desocupación. La actividad económica puede seguir en expansión y con un crecimiento interesante. Lo malo es que tiene un efecto directo sobre el nivel de los salarios y sobre los ingresos del Estado. Es decir, los más perjudicados por esta propuesta son los asalariados que van a ver disminuidos sus ingresos, y más aún los trabajadores estatales que en la mayor parte del país representan cerca del 40 % del empleo directo e indirecto, o aún más. Ellos sufrirán las consecuencias de un Estado con menos recursos para garantizarles que no pierdan la carrera contra la inflación.
La CGT sabe que las alternativas a lo que hay son peores para los trabajadores que lo actual, y por eso se ha convertido en el principal sostén del gobierno, junto a la mayoría de las provincias que dependen fundamentalmente del empleo estatal (NOA) o que demandan más recursos para recuperar a los excluidos (Gran Bs. As.).
En esta clave hay que mirar la movilización de hace unos días en la avenida 9 de julio, que demostró que la CGT es la única estructura política-gremial nacional organizada y movilizada, capaz de sostener la pugna por modificar las condiciones económicas del país.
En eso ha quedado reducido el apoyo al gobierno luego de la pérdida de la confianza de los sectores medios urbanos. Quizás no sea mucho, pero está lejos de ser poco.

16 de abril de 2009

Lastres y calidades institucionales.





Existen varias teorías para explicar el origen de los Estados modernos como formas de organización social. Una lectura posible y simple, que reconoce algún ascendiente en nuestros primeros constituyentes, y que, creo, tiene exponentes hoy día, da cuenta del Estado como mecanismo para asegurar el derecho de propiedad. Quiero decir con esto, que el Estado sería posterior a este derecho impuesto por la fuerza (en nuestro caso podríamos ubicar ese punto en la batalla de Caseros) y su creación sirvió para cristalizar una distribución de la riqueza sobre la base de una estructura de incentivos y amenazas dirigidos a quienes quedaron fuera del reparto. En este sentido:
1) Se educaron a los ciudadanos para poder ganarse la vida sin atacar la propiedad de otros.
2) Se dictaron códigos penales para castigar a quienes robaban.
3) Se apoyaron religiones que decían que en el cielo los últimos serán los primeros.
4) Se ayudó en la medida de lo posible a que nadie pasara necesidades extremas por situaciones de fuerza mayor.
5) Se trató de que las personas en lugar de enojarse con los que más tienen, se entusiasmaran con llegar a ser como ellos.
6) Se sostuvo que las decisiones sobre el país se tomaban democráticamente, sin votos calificados.

Así y todo, y pese a que esta formula dio buenos resultados en muchos países durante muchos años, el esquema se vuelve complicado cuando durante un periodo prolongado se registra alto desempleo y pobreza estructural. También se hace difícil sostenerlo cuando existe una toma de conciencia de los sectores que no tienen propiedades, respecto de las limitaciones del sistema para producir una distribución equitativa de la riqueza. En la Argentina hemos tenido de todo esto. Hubo toma de conciencia con el peronismo del 45, hubo alto desempleo en la década del noventa y buena parte de la actual, y hay pobreza estructural.
Naturalmente, el sistema cruje. Los puntos enunciados arriba no se cumplieron y hoy tenemos millones de personas que no respetan el derecho de propiedad. ¿De quien es la culpa? Los que tienen propiedades dicen: del Estado. Los que no tienen propiedades dicen: del Estado. Será entonces. ¿Pero que pasó en los últimos 30 años? El neoliberalismo, como conjunto de ideas que dieron sustento al achicamiento del Estado (además de destruir el aparato productivo), se colocó por encima de las medidas necesarias para generar la paz social pretendida. Hizo falta una dictadura sangrienta para imponerlo. Increíblemente, en democracia, esas políticas fueron votadas al menos dos veces, en el 95 y en el 99, trayendo su secuela de deterioro de la conciencia de los sectores desposeídos, aumento el desempleo y pobreza.
Hasta 1976, la Argentina era un país con porcentajes bajos de indigencia. En comparación con la actualidad, la pobreza no era el principal problema a solucionar. El Estado era fundamentalmente una herramienta de los sectores intermedios para contener sus expectativas de acceso a propiedades, ya sea en sus políticas (educación universitaria gratuita, créditos del banco hipotecario para comprar viviendas) como desde el punto de vista de los empleos en el sector publico.
La explosión del neoliberalismo en el 2001 dejó un escenario complicado que todavía arrastramos. Hoy, los sectores propietarios protestan, porque ven que su sistema esta fallando, y piden reforzar las medidas represivas, que implican reconocer el fracaso de los incentivos. Los sectores intermedios de pequeños propietarios ven que el Estado ahora mira a los que no tienen nada y protestan, porque ya no representa sus intereses, no los contiene con empleos, ni sus políticas se dirigen a mejorar su acceso a las propiedades. Por último, los sectores desposeídos protestan, porque el Estado no esta preparado para trabajar para ellos y es ineficiente.
Todas estas consideraciones, que por supuesto merecen un tratamiento mucho mas extenso, conforman un escenario de descomposición social, donde “se ven los hilos” del trasfondo del sistema y su discurso. Los sectores propietarios, que se toman de la bandera de ser quienes solventan con sus impuestos el país, exigen un castigo ejemplar para los que no respetan el principio básico del respeto absoluto a la propiedad, ya sean delincuentes comunes o el propio Estado. Pero lo hacen ya despojados del carácter democrático, para recurrir a lo que consideran la esencia pre-estatal de las relaciones sociales, donde admiten un criterio jerárquico, en el cual ellos se colocan en el lugar de socios fundadores de la Nación, y los sectores desposeídos representan un verdadero lastre para la viabilidad del sistema.
Como ejemplo del presente planteo, conviene mirar a los sectores que invocan ese pacto fundacional del respeto a la propiedad que es la Constitución Nacional, pero no se someten a sus normas de representación para dirimir la conducción del Estado, en la idea que existe una legitimidad superior a la democrática, que obliga a quien sea a consensuar con ellos.
En definitiva, la irrupción de los dueños del sistema como consecuencia de su crisis, se vuelve peor cuando muchos de estos sectores, y también una parte de los sectores intermedios que buscan emularlos, expresan que la ruptura social es irreversible, por lo cual la solución pasa por establecer divisiones físicas (muros), condenas por peligrosidad (reclusión para los menores de edad con antecedentes), o soluciones finales (pena de muerte).
El Estado no está preparado para estas medidas, lo mismo que no está preparado para tratar la pobreza estructural que generó el neoliberalismo. En mi opinión, lo más probable, es que la falta de perspectivas políticas y sociales para plantear soluciones a largo plazo, que impliquen educar a las nuevas generaciones en el sistema, devengan en procesos híbridos de avances y retrocesos, dependientes del viento a favor del comercio internacional. O también pueden ocurrir tentativas mágicas de solución, al estilo de derechas populistas, que combinen represión y polarización entre quienes acceden a la propiedad y quienes no.

11 de marzo de 2009

La crisis y la soja




Nuestra generación está teniendo un raro privilegio: vivir una nueva época de la humanidad. El cambio que se estaba produciendo de manera lenta y anunciada se aceleró con la crisis y seguramente en diez años tendremos una economía con paradigmas distintos y una correlación de fuerzas políticas entre los bloques de naciones diferente a la actual.
Los países que hoy son los centros de la producción y consumo del mundo, y por consiguiente del poder de condicionar los precios y su volumen, dejarán de serlo. China e India ocuparán ese lugar. También aumentarán sus presupuestos militares y su desarrollo tecnológico.
Esto ya es sabido.
Lo que no está claro es cual va a ser el rol de Latinoamérica en ese nuevo sistema político y económico. Revisemos en todo caso lo que nos pasó en nuestros quinientos años de vínculo con el mundo. Ahí contamos con tres siglos de coloniaje, monopolio comercial asimétrico y sin representación en las cortes del reino. Nada de política y economía de expoliación.
A partir de 1820 vino la alianza de todo el subcontinente con la potencia oceánica hegemónica, Gran Bretaña, que nos propuso una distribución internacional del trabajo con ellos en el centro económico y político.
Nuestra tarea era producir materias primas, que se llevaban en ferrocarriles ingleses, alimentados con carbón inglés, para ser subidas a los barcos ingleses, después de pagar los seguros y demás transacciones financieras a los bancos ingleses. Nuestros gobiernos eran independientes, pero no se relacionaban entre sí, y mantenían un vínculo radial con el centro económico. Londres no permitía agrupamientos, ni hegemonías, incluso si quien la intentara fuera Estados Unidos.
En el período de entreguerras el Reino Unido fue sobrepasado por Estados Unidos en todos los rubros de producción y consumo, proceso que se tornó definitivo a la salida de la segunda guerra mundial. Como subcontinente, quedamos dentro de su espacio de influencia.
En materia económica, a diferencia de los ingleses, Estados Unidos tenía campo, tenía alimentos y no nos necesitaba. La niña mimada de los ingleses en la región, la Argentina, se cayó del mapa del mundo, y no hubo gobierno que pudiera remediarlo. Más aún, los europeos crearon en la década del 60 la Política Agrícola Común, que todavía representa un 50 % del presupuesto de la Unión Europea, para no depender de nadie para alimentarse o, en última instancia, comprarnos barato en razón a la abundancia de alimentos.
La industrialización y sustitución de exportaciones que intentamos a partir de la década del 30 no lograron dar el salto cualitativo por la estrechez de los mercados nacionales (no había integración regional), por no contar con capitales para grandes inversiones (las clase alta vivía en una sociedad privilegiada de consumo, nunca se formó la burguesía nacional) y la resistencia de Estados Unidos y Europa a realizar transferencias de tecnología industrial, o permitirnos innovar por nuestra cuenta.
En materia política, Latinoamérica fue dividida en dos por el Canal de Panamá. De allí para el norte hubo “patio trasero”, doctrina de la seguridad nacional, la CIA, la protección de los monopolios extractivos, y hasta hoy se perdió todo intento de forjar un proyecto de nación sin la tutela norteamericana, salvo el destacable caso de Cuba.
De allí para el Sur, hubo apoyo a dictaduras asesinas, doctrina de la seguridad nacional, CIA, aliados privilegiados con Brasil a la cabeza, y nada de “alianza para el progreso”.
No obstante lo malo, el desarrollo industrial insuficiente que tuvimos hasta, en algunos casos, los años 70 u 80, se ha comprobado muchísimo mejor y más inclusivo que lo que vino después con el neoliberalismo y la economía financiera post crisis del petróleo.
El bajón fue relativamente revertido a partir del 2002, cuando toda Latinoamérica vivió un crecimiento importante, con reducción de la pobreza y la desocupación, aumento de producción industrial y exportaciones. Mejoraron las variables externas y la relación entre Producto Bruto y deuda externa.
Esto se acabó. Estuvimos en este período breve cabalgando entre dos etapas del mundo, donde el nacimiento de una convivía con la que todavía no se había ido. Las dos combinadas permitían obtener ganancias que ya no van a volver.
Pues bien, una de las dos ruedas dejó de girar. La crisis financiera puso en evidencia la fantasía de sustentar el crecimiento en el crédito por parte de los europeos y norteamericanos. La destrucción de riqueza virtual operada en este año todavía se está calculando. Muchos países que estaban viviendo de rentas, se encuentran hoy en una situación sumamente difícil. Seguramente saldrán adelante, pero ya no serán ricos, estarán endeudados y sus niveles de consumo bajarán, por consiguiente también su influencia en el mundo.
A Hamburgo le pasará lo que le pasó a Venecia y a Rótterdam lo que le pasó a Alejandría. Así como el Atlántico reemplazó al Mediterráneo como eje de los flujos comerciales, lo mismo le pasará a Atlántico respecto del Pacífico.
A su vez, la configuración política inestable posterior a la caída del muro de Berlín no sufrió modificaciones, y los mecanismos establecidos por los triunfadores de la Segunda Guerra Mundial (Fondo Monetario, Naciones Unidas, Organización Mundial del Comercio), están muy lejos ser capaces de enfrentar una crisis económica como la actual, y menos que menos una crisis política.
Mientras todo esto sucede, el gobierno chino acaba de anunciar la puesta en marcha en el país de una política para brindar ingresos a jubilados, desocupados y subsidios de todo tipo, además de un fenomenal plan de inversiones en infraestructura e inversiones en tecnología. Todo esto implica un cambio notorio en el modelo de desarrollo chino, que ahora dará más importancia al mercado interno, lo que implica elevar el nivel de consumo popular de 1.300 millones de chinos.
En términos económicos, le propondrán al mundo una nueva división internacional del trabajo donde Latinoamérica podrá romper la cadena económica y política que la mantiene atada a Estados Unidos y Europa desde hace cinco siglos, pero le ofrecerán otra más nueva para colgarse al hombro.
Los altos precios de las materias primas que ellos necesitan, en particular la soja y el petróleo, el cobre, el gas, y otros minerales, serán el estimulo para cerrar filas detrás de las nuevas condiciones, como lo fueron la carne, la lana, el café, el oro, la plata, el guano y el trigo durante el período de hegemonía británica. En tanto, así como Estados Unidos tenía alimentos de sobra, China e India tienen trabajadores de sobra, y van a intentar retener para sus habitantes todo el valor agregado posible, para poder darles empleo a sus casi 2.000 millones de habitantes.
Es decir, el ciclo se repite con todas sus oportunidades y amenazas. En Latinoamérica, los posibles beneficiaron de la nueva etapa de exportaciones de materias primas sin procesar, están presionando con fuerza contra todo intento de interferir con el negocio. La diferencia con 150 años atrás es que ya no somos pocos habitantes, sino más de 500 millones, y en ningún lado están diciendo que van a hacer con los 400 millones que sobrarían si se privilegiara una economía exportadora de materias primas.
El conflicto con el campo en la Argentina hay que entenderlo en esta clave política. Se trata de una expresión de la pelea entre un modelo que acepta la reglas políticas que se le imponen a la economía desde los nuevos centros de poder, frente a la opción de un desarrollo autónomo con base regional, que todavía, hay que decirlo, está muy verde. Ni el MERCOSUR, la UNASUR (Unión de Naciones de Sudamérica) o la CAN (Comunidad Andina de Naciones) están haciendo suficiente para profundizar esto, y puede que no quede mucho tiempo para hacerlo.
Si, en cambio, están actuando los gobiernos en materia política. Los primeros días de marzo de 2009 se conformó el Consejo de Defensa de la UNASUR, que se ocupará de trazar una estrategia de defensa común subcontinental. Allí se condicionó el ingreso de Estados Unidos (que luego de intentar boicotear la iniciativa pidió sumarse como veedor) a que primero cambie su política hacia Cuba. También se le dijo a Rusia que “por ahora” no seria admitida como veedora.

12 de febrero de 2009

Con los pies en el barro

Por Carlos Fusco

El jueves 12 de febrero de 2009 quizá pueda recordarse como uno de esos días en que la realidad muestra toda su crudeza para hacernos ver quién es quién en política, ante la superposición de dos hechos que -por su contraste- no pueden pasarse por alto.

Luego de que la furia de la naturaleza azotara sin piedad a los que menos tienen, despojando a más de 1200 familias de todas sus pertenencias, la Presidenta de los argentinos -Cristina Fernández de Kirchner- apenas arribada de su viaje a España visitó el lugar de la tragedia en Tartagal, Provincia de Salta, coordinando los equipos de ayuda humanitaria y llevando un mensaje de esperanza a los desolados pobladores, que sorprendidos ante el abrazo de la presidenta podían escuchar de su propia boca “tranquilos, no los vamos a abandonar, la ayuda llegará inmediatamente”.

Así relató Clarín el testimonio de María Vega, 59 años, pobladora de Tartagal: “Le pedí que me ayude con una casa, la mía es de ladrillo puro, sin revoque. Pero como está al lado del río en cualquier momento se la lleva”, le explicó a Clarín la mujer que primero se abrazó con el gobernador Juan Manuel Urtubey, luego con el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y después con la Presidenta. Las dos caminaron abrazadas unos metros y María aprovechó la oportunidad.


Convengamos que en los más de 30 años de democracia, durante los que sucedieron múltiples siniestros de gravedad en el territorio nacional, esta es la primera vez que un Presidente se presenta junto a sus ministros en el lugar del desastre, actuando con rapidez para que las soluciones concretas empiecen a llegar. Ya se encuentran en el lugar los equipos de ayuda humanitaria, salud y los técnicos que se ocuparán de la remoción de los escombros así como de la reconstrucción del pueblo.

Bien lejos de ese lugar, en las comodidades de un céntrico hotel de cinco estrellas, la triple entente bonaerense compuesta por Macri, Solá y De Narváez se aprestaba a sellar un acuerdo de cara a las próximas elecciones con la finalidad de esmerilar el poder de los Kirchner y “renovar la política”. La estampa se completó con la presencia de Carlos Brown, Eduardo Amadeo, Jorge Sarghini y Osvaldo Mércuri, cuatro viejos exponentes del llamado “peronismo disidente” que articulan bajo el padrinazgo de Eduardo Duhalde.

El notorio contraste de la Presidenta “poniéndole el cuerpo a la crisis”, por contraposición con el lanzamiento del frente electoral de “los ingenieros”, merece aquí al menos la reflexión que la pantalla dividida de TN no permitió.

La postal de “los ingenieros” sonriendo en un hotel céntrico con toda la pompa, acentúa el estilo digno de la portada de Caras que la sola presencia de Macri y De Narváez evocan.

Lo ridículo de lanzar un frente electoral bonaerense en territorio capitalino no hace más que denotar la madre de todas las mentiras: que trabajarán para la gente.

Pero sería pecata minuta frente a la gran mentira de fuste, que viene siendo la supuesta renovación de la política que pretende encarnar este frente, nada más ni nada menos que trayendo consigo a lo más vetusto del duhaldismo, y que tuvieron responsabilidad no sólo en el deterioro de la provincia los últimos 20 años sino también en algunas de las medidas tomadas por la presidencia de Duhalde y que poco favorecieron a la gente, como la pesificación asimétrica.

Por último, mientras aún se debate sobre las dificultades que el 2009 nos depara justamente en términos económicos, la oposición se apura a hablar de candidaturas cuando todavía faltan 9 meses para la elección, y en lugar de hacer propuestas programáticas concretas se nuclean en torno a nombres que supuestamente “miden”, como lo demuestra el rápido cobijo de Macri a Solá y la resignación del primer puesto en la lista por parte de De Narváez.

Nace así lo que podemos llamar “un frente marketinero”. ¿Comprará la gente?

Mientras la oposición se apura al armado de frentes y alianzas, el kirchnerismo sigue gobernando y solucionando problemas. Sin arriesgar todavía nombres ni candidaturas mide en silencio sus “pingos”, y aún cuando los números no le son por completo adversos y podría sacar rédito de un lanzamiento temprano, elige dar pelea demostrando con hechos desde lo mejor que tiene: la gestión de gobierno.

Ante esto, la pregunta es obligada y cae por sí sola: ¿se animará esta oposición “cinco estrellas” a meter los pies en el barro para llegar a ser gobierno? ¿o será puro marketing?

Va a estar buena la Provincia.

8 de enero de 2009

La escalada de los halcones como estrategia electoral


Por Carlos Fusco

Si la guerra es la continuación de la política por otros medios, según lo expresaba Von Clausevitz, no queda claro cuál es la que estaría sustentando al ataque israelí en Gaza, a todas luces inútil pues los cohetes palestinos continúan internándose cada vez más en territorio israelí, el descrédito internacional va sepultando cada vez más al gobierno en un mar de críticas, y por último, la supuesta razón invocada de combatir el terrorismo cae por su propio peso ya que el ataque se está convirtiendo en un virulento revulsivo que está produciendo más y más voluntades decididas a unirse a las filas de las organizaciones insurgentes árabes, incluso aquellas más radicales y que hacen de la inmolación su táctica de combate.

La herencia del gobierno de George W. Bus en Oriente Medio no es otra cosa que caos, violencia y un nivel de degradación del ser humano pocas veces visto, poblaciones enteras vienen siendo empujadas a una de las catástrofes humanitarias más graves de la historia.

Irak, Afganistán, Paquistán (incluyendo el reciente agravamiento del conflicto con India a causa de los ataques terroristas de Mumbai) y el siempre latente fantasma de una guerra con Irán, no hacen más que ratificar la idea de que el incremento de los niveles de agresión en esta zona caliente del mundo por parte del gobierno israelí, eterno aliado de Washington, no es otra cosa que una nueva quimera pergeñada en la lógica de este socio, donde la persecución y muerte del enemigo invisible se concreta lanzando un ataque monumental en todos los frentes cobrándose a la vez miles de inocentes víctimas civiles, en lugar de eliminar las condiciones que hicieron propicia la aparición en escena de la amenaza terrorista, no pocas veces, relacionadas con injusticia, hambre y exclusión de los derechos más elementales.

Sin embargo, los tintes electorales que parecería tener esta vez el conflicto armado de Gaza -según algunos sospechosamente diseñado para reforzar la posición en las encuestas de los duros del gobierno de Tel Aviv- estarían eliminando toda lógica para ingresar en el cenagoso terreno de la paradoja: si los halcones de un lado se fortalecen, entonces crecerán los del otro, que a su vez con su amenaza de crecimiento no hacen más que fortalecer a los primeros. Una auténtica escalada de halcones en un ámbito donde la noción de miedo parecería adquirir valor electoral, haciendo correr como reguero un mecanismo muy semejante a la psicosis colectiva donde la única salvación posible estaría en contar con un liderazgo rígido y dispuesto a todo.

Sobran los ejemplos históricos acerca de qué tipos de gobierno genera un mecanismo de este tipo en electorados atemorizados por un gran terror, ni más ni menos que otro gran terror. En cualquier caso, si hay un colectivo capaz de interpretar desde su propia memoria histórica el significado de la pérdida de miles de víctimas civiles inocentes, justamente ese colectivo debería ser el pueblo israelí. Si así ocurriera, la escalada de los halcones no debiera dar el resultado electoral esperado. No obstante, pareciera estar ocurriendo lo contrario y una nueva guerra está dejando otra vez al ser humano en la frontera con el absurdo más cruel.